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Las ayudas para la compra de bicicletas dejan fuera al pequeño comercio

Las ayudas para la compra de bicicletas dejan fuera al pequeño comercio

La Generalitat Valenciana ha publicado un paquete de ayudas para la compra/electrificación de bicicletas urbanas, pero el funcionamiento de las mismas exige que los comercios “adelanten” el descuento con su liquidez, cosa que no todos los establecimientos se pueden permitir y que favorece a las grandes superficies.

El texto tiene un comienzo claro: «Con objeto de fomentar la movilidad sostenible, se crean estas ayudas destinadas a subvencionar la adquisición de bicicletas (…) serán objeto de ayuda únicamente aquellos vehículos o kits de electrificación que hayan sido adquiridos o instalados en comercios y tiendas que se hayan adherido a esta subvención».

Las bases contempladas en la orden 5/2020 de la Consellería de Política Territorial, Obras Públicas y Movilidad obligan a que los comercios adheridos a la iniciativa apliquen directamente el descuento sin haber recibido la cantidad económica que se va a rebajar. Esto supone que solo aquellos establecimientos que cuentan con liquidez suficiente pueden asumir la venta por un importe menor que el que en otras circunstancias recibirían y deben esperar a que la Generalitat les reembolse el dinero “adelantado”. ¿Y quiénes, por lo general, cuentan con esa solvencia? Las grandes superficies.

«No tiene ningún sentido, no estoy adherido ni pienso. Somos nosotros quienes tenemos que rellenar el papeleo, hacer la solicitud, aplicar el descuento, adelantarlo… Si tenemos que adelantar 75€ por bicicleta imagínate dónde está el negocio. ¿La GVA qué paga, a mes y medio? No estoy dispuesto. Ha sido un despropósito total». Tomás Mafé, de Bicitaller Russafa, muestra su disconformidad con el funcionamiento de las ayudas.

Silvia López, de Todo Bici, establecimiento que sí que está adherido, matiza: «Esto es histórico, debería hacerse todos los años, igual que con los coches. Llevamos mucho tiempo desde las asociaciones solicitando que se den ayudas directas a la compra de bicicletas. Pero hay varios problemas, uno es que no hay stock en las propias marcas, no quedan bicicletas. Esto es un problema tanto para las pymes como para las grandes superficies. En mi caso, lo que me preocupa es que tengo el material parado y hasta que no se agilice y me aprueben lo que he solicitado ni me pueden pagar ni puedo seguir gestionando la ayuda».

Foto: Kike Taberner

La lentitud burocrática y los intrincados senderos del lenguaje administrativo le hacen un flaco favor al pequeño comercio. Esta parte del tejido empresarial local debería ser la mayor beneficiaria de la iniciativa de la Generalitat, que por una parte fomenta la movilidad sostenible y por otra —teóricamente— apoya al comercio local.

«El problema es que las administraciones no contestan. Nadie nos da información de cuánto van a tardar en gestionar las solicitudes y los compradores acuden a nosotros como si lo supiéramos. Se están aprovechando de la buena fe de las tiendas, porque es un dinero que no tenemos», añaden desde Todo Bici.

Fernando Gandía, propietario de Good Bike, explica que en la reunión colectiva entre el sector y la administración hubo buenas intenciones pero poca respuesta a los interrogantes que planteaban desde las tiendas. «Primero es complicado entender todo el proceso telemático para adherirse, luego, cuando ya estás dentro y vendiendo la bici, es un poco loco. El cliente viene y se la quiere llevar ya o a lo sumo al día siguiente, no quiere esperar a ver si le dan o no la ayuda. Es que tú vendes la bici con la subvención aplicada y la Generalitat en plazo de 30 días te la aprueba o no, pero si no te la da porque la persona no cumple los requisitos, yo ya la he vendido y he dejado de ganar 75€ en caso de bicicletas convencionales y 250€ en eléctricas. No lo veo ágil, la idea es buena, pero hay que darle una vuelta, plantearlo de otra manera. El cliente debería de ser quien tramitara y recibiera la ayuda, no que las tiendas tuviéramos que hacer de gestores».

En Rafael Abad, una de las tiendas de bicicletas con más solera de València, son tajantes: «Ni hablar. Una vez que le vendimos al Ayuntamiento nos costó dios y ayuda cobrar. Con esta situación también está muy mal, tuvimos que llamar dos o tres veces para saber cómo se iba a hacer y nos dijeron que no sabían cuando íbamos a cobrar. Somos pequeños empresarios, no podemos podemos disponer de tanto dinero para adelantar, y menos después de estos meses cerrados».

Bicicletas y coches en Moncloa

Mientras que el gobierno regional ofrece las ayudas directas de hasta 250 euros para la compra de bicicletas y patinetes, el Gobierno de España aún no se ha pronunciado explícitamente sobre el tema, pero sí que lo ha hecho respecto a los automóviles. El plan de rescate de la industria automotriz, cuenta con una partida de 250 millones de euros en incentivos para compra de vehículos con motor de combustión. Este plan retrasa el avance hacia una movilidad libre de emisiones de CO2. Ecologistas en Acción, Greenpeace, FRAVM, arrConbici y otras asociaciones han manifestado su malestar respecto al plan y han rechazado las declaraciones del presidente de la ANFAC (Asociación Nacional de Fabricantes de Automóviles y Camiones), que considera que «Decir que hay que fomentar la bici o reducir los coches para aumentar aceras no ayuda al sector».

El Gobierno también ha aprobado un Programa de Incentivos a la Movilidad Eficiente y Sostenible (MOVES II) que cuenta con una dotación presupuestaria de 100 millones de euros para la compra de vehículos eléctricos e híbridos. Por otra parte, la Asociación de Marcas y Bicicletas de España (AMBE) propuso al Gobierno un plan de ayudas a la compra de bicicletas eléctricas. La propuesta contempla ayudas directas a la compra, reducción de IVA y exenciones impositivas en el IRPF para los trabajadores que acudan a sus puestos de trabajo en este medio.

Un análisis somero de la situación arroja lo de siempre: pan para hoy, insostenibilidad para mañana. La industria de la automoción representa el 10% del PIB —con más de un millón de trabajadores empleados en el sector—, pero como ya hemos visto recientemente con el cierre de la planta de Nissan, la toma de decisiones fuera de nuestro país no garantiza su futuro. Pero haciendo un ejercicio de abstracción matemática y sociológica, ¿en cuánto diezmará la salud de la población, la calidad de vida, el medioambiente y los flujos laborales si no cambia el paradigma del transporte?

El uso y la apreciación de la bicicleta como medio de transporte avanza, el coche corre más literal y administrativamente.