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Virginia Lorente

Puestos a adentrarnos en la movilidad del futuro, dejemos que Virginia Lorente, conocida por su firma @typical Valencia, sea la portadora del plano. Esta arquitecta e ilustradora, que siempre ha odiado conducir, no solo disfruta plasmando las ciudades del presente: también imaginando cómo serán las urbes que se dibujarán en el futuro

Una entrevista de  con fotos de Kike Taberner

Virginia Lorente. Foto: Kike Taberner

¿Dónde estamos? Frente a la plaza de toros, en la calle Xàtiva, donde se produce la intersección entre la calle Alicante y la calle Ruzafa. La entrevistada es la encargada de escoger el escenario de las fotografías por su simbolismo para la movilidad. «Es un tramo que he recorrido durante muchos años en bicicleta, ya fuera para ir a la Estación del Norte, al Colegio de Arquitectos o a Ruzafa. Siempre me ha dado miedo y siempre he apretado muy fuerte el manillar», cuenta.

El carril bici consiguió aniquilar la hegemonía motora en la zona y, actualmente, constituye el punto más transitado del anillo ciclista de València, con un promedio de 5.00 usuarios al día. «Para mí es mágico pasar por aquí mirando a todos lados, sin preocuparme por qué coche o qué autobús me va a adelantar. Ya no me da miedo traer a mis hijas y llego al Parque Central en diez minutos», dice ella.

¿Pero quién es ella? Virginia Lorente necesita pocas presentaciones, y todavía menos si mencionamos su marca: @typicalvalencia. Arquitecta e ilustradora. Creció en Puerto de Sagunto, pero se vino a estudiar a València y cambió el coche por la bici. «Odiaba y odio conducir, así que fue un auténtico placer», admite. Durante más de una década desarrolló su profesión en un estudio de Arquitectura, compaginando el trabajo con su formación en Bellas Artes y Diseño Gráfico. Y así fue como nació la marca @typical, «desde donde me empeño en poner en valor el patrimonio arquitectónico y cultural de Valencia mediante la ilustración».

Asume encargos público y privados, impulsa proyectos personales y participa en exposiciones colectivas. Las más recientes: ‘Coronacrisis i Cultura: propostes de creadors valencians’, en la Nau; ‘Prohibit Fixar Cartells Rea’, en CCCC; o ‘The Original Art 2020’, inspirada en Rafael Guastavino,en la Society of Illustrators de Nueva York.

Virginia Lorente. Foto: Kike Taberner

«La ciudad más difícil de dibujar es cualquiera que no conozcas. Acabarás captando lo más evidente, pero será complicado transmitir su esencia»

Sin la crisis de la construcción, que obligó a muchos arquitectos a reconvertirse a nivel profesional, ¿te habrías decantado por el mundo de la ilustración?

En la época en la que yo estudié Arquitectura, el planteamiento de la profesión era muy cerrado. ¿Edificación o Urbanismo, ‘A’ o ‘B’? En realidad se trata de una disciplina que se abre a muchos ámbitos, y siempre me ha interesado más en su vertiente creativa y conceptual. La Arquitectura me ha dado muchas alegrías, pero en muchas ocasiones también me he sentido como Momo enfrentada a los hombres de gris. Ya por entonces, solía utilizar la ilustración como una herramienta de expresión y muchos clientes se quedaban los dibujos de mis propuestas. El giro definitivo vino determinado por la crisis, sin duda, pero sin ella tampoco sé cómo habría evolucionado como arquitecta.

¿Cuál fue el primer plano urbano al que te enfrentaste?

Cuando estudiaba Arquitectura, durante el primer año de proyectos, asistíamos a talleres transversales donde creábamos grupos de trabajo con diferentes perfiles. El primero consistió en una propuesta de desarrollo para la futura Avenida de Francia, y me pareció fascinante analizar de manera conjunta el entorno, los espacios de relación, el último tramo del río… Íbamos de los aspectos generales, como la relación de los ciudadanos con el medio, a los detalles de construcción de las viviendas. El urbanismo es una disciplina apasionante, donde deberían estar implicados todos los agentes —arquitectos, sociólogos, historiadores— porque las decisiones que se toman son tremendamente trascendentales.

Virginia Lorente. Foto: Kike Taberner

Desde la documentación al boceto, ¿cómo es el proceso de creación de Virginia?

Los procesos son muy diferentes, dependiendo del tipo de ilustración, y si es descriptiva o conceptual. Siempre busco expresividad, que de algún modo sea capaz de ir más allá. En el caso de los mapas ilustrados, me interesa mucho contar lo que me transmite el lugar, así que primero paseo por las calles y analizo qué sensaciones voy teniendo. Luego hago al boceto, desde las líneas general hasta el mayor nivel de detalle, tratando de plasmar los edificios, las personas, y sobre todo, la interacción de la gente con el espacio. En el caso de ilustrar arquitectura, me gusta mucho descontextualizar cromáticamente, alejarlo de la realidad para potenciar esa expresividad. Y si son ilustraciones conceptuales, ahí trabajo mucho la idea, hasta que surge el mapa mental, el boceto y la digitalización.

¿Abordas de manera diferente los encargos públicos y privados?

No me preocupa que el proyecto sea público o privado, grande o pequeño: lo esencial es que me parezca interesante. Obviamente, hay proyectos públicos que te generan orgullo por su nivel de trascendencia, a la par que sensación de responsabilidad. Vivo con ‘miedo escénico’” cuando la campaña sale a la calle, porque es importante que la sociedad se sienta representada. Pero luego hay proyectos pequeños que nunca sabes dónde te van a llevar. El año pasado, disfruté enormemente diseñando la portada de un disco, y ahora está nominada a los Premios Carles Santos de la Música Valenciana. También me hizo mucha ilusión ‘El Joc de València’, una especie de Monopoly ilustrado para homenajear a los comercios locales, porque la gente me enviaba fotos jugando en casa con su familia.

 

«La ciudad más difícil de dibujar es cualquiera que no conozcas. Acabarás captando lo más evidente, pero será complicado transmitir su esencia»

¿Cuál es la ciudad más difícil de dibujar?

Cualquiera que no conozcas. Acabarás ilustrando lo más evidente, pero será complicado transmitir la verdadera esencia. Necesitas mucha información, no sólo desde el punto de vista geográfico, sino cultural y social, para que tu ilustración conecte con el público.

¿València puede presumir de una correcta ordenación urbana?

Habría que plantearse qué es una ‘correcta ordenación urbana’, porque me parece un concepto demasiado ambicioso. València es consecuencia de una evolución histórica de muchos siglos, donde diferentes poblaciones se han conectado conforme al crecimiento y con diferentes trazados de muralla para delimitarla. Un plano de València es un libro de historia, donde vemos cada capítulo en cada cambio de trazado, y hasta nos encontramos con sus cicatrices. Mantener la huella que deja el paso del tiempo es fantástico.

¿Y cuáles son los mayores crímenes que se han cometido contra su patrimonio?

Cualquier medida que rompa con ese trazado histórico. Está claro que en muchos casos han tenido que ver con temas de salubridad, pero alterar el tejido urbano ya consolidado para crear grandes avenidas genera una fractura inmensa e incomprensible. Es mucho más sensato intervenir barrio por barrio analizando sus necesidades. Por otro lado, vuelvo a la falta del aprovechamiento de los espacios comunes, que provoca que las manzanas del Ensanche tengan todos los bajos ocupados, que no haya suficientes zonas verdes, que se haya priorizado al tráfico rodado… Y demos gracias a los movimientos ciudadanos que han impedido grandes catástrofes, como aquel proyecto de autopistas en el antiguo cauce del Turia. Eso sí que habría supuesto el mayor crimen de la historia de la ciudad.

Entonces, ¿hasta qué punto influye el color político en el desarrollo de una urbe?

Imagino que cada grupo político debe dar respuesta a su público objetivo, a sus votantes, y eso implica unas preferencias por un modelo determinado de ciudad. Que cada cuatro años podamos elegir Gobierno municipal está muy bien, pero por otro lado, limita mucho los proyectos de urbanismo a largo plazo. Y esos son los proyectos que llevarían a los cambios estructurales y verdaderos en València, aunque no tengan visibilidad inmediata.

Virginia Lorente. Foto: Kike Taberner

¿La movilidad es el factor más importante en el diseño de las ciudades?

No sé si el más importante, pero sin duda, es bastante determinante. La clave está en que las ciudades se vayan adaptando a las nuevas necesidades y modos de vivir, al tiempo que se fomentan las relaciones entre las personas. Los ciudadanos nos movemos a cota cero, y ahí, en el encuentro, es donde sucede la vida. Si disponemos de una buena red de transporte público, ya no solo en la propia ciudad, sino con las poblaciones colindantes, será más fácil conseguir un cambio social. Y esto derivará en modelos más sostenibles.

¿Qué mejoras relativas a la movilidad implementarías si dependiera de ti?

Como digo, creo que al transporte público le queda mucho margen de mejora. Admito que lo utilizo lo mínimo: siempre que me sea posible, prefiero la bicicleta. Pero me parece que las pedanías siguen estando mal comunicadas, por lo que resulta difícil que alguien se plantee vivir en las afueras. Una cuestión que, por otra parte, reduciría la congestión de los barrios más céntricos. La fórmula sería + bicicleta, + transporte público y – coche.

Te declaras usuaria de la bicicleta, ¿qué tal la infraestructura ciclista de València?

Tenemos una buena infraestructura. En los últimos años, el carril bici se ha consolidado por toda la ciudad. Algunos tramos están faltos de mejora, eso sí, sobre todo los que pertenecen a una primera época, cuando se limitaban a pintar una línea verde en el suelo. Es importante corregirlos, porque resultan hasta peligrosos. Por lo demás, València es una ciudad fantástica para moverse a pedales: el clima es bueno, llueve muy poco, la ciudad es plana y la escala te permite llegar a cualquier punto en poco tiempo.

La prohibición de los vehículos de combustión es el futuro inmediato de Europa.

No estoy muy puesta en normativa europea, pero lo que sí creo es que cualquier cambio de modelo necesariamente tiene que pasar por un cambio de actitud. Hace unos trece años, estuve de visita en Bolzano (Italia) y me sorprendió un papel que vi en el zaguán de un edificio. Era un listado en el que los vecinos anotaban cuándo usaban el coche, los días y los horarios, para poder compartir los trayectos. De esto hace mucho, pero me apreció de una lógica aplastante, e imagino que cada vez se asentarán más modelos parecidos, ya sean aplicaciones, plataformas o empresas. Al compartir recursos, también podemos apostar por vehículos más caros, pero más sostenibles, como los eléctricos.

Virginia Lorente. Foto: Kike Taberner

¿Hay alguna ciudad que debamos tomar como referencia?

No creo en las ‘ciudades utópicas’. Cuando estamos de visita, muchas cosas nos resultan interesantes, pero hay que hacer un análisis más profundo de los pros y los contras. En sitios como Londres, Berlín o Bristol siempre están sucediendo cosas; en Oporto han hecho un buen trabajo de rehabilitación de los barrios, pero manteniendo la esencia y sin dejar que las franquicias entren en el centro; y me parece que Bolzano ha adoptado una decisión muy valiente al peatonalizar el centro histórico todos los fines de semana. Si visitas una ciudad como Estocolmo, piensas que la tuya lleva siglos de retraso, pero porque tienes los ojos de un turista. Luego empiezas a relativizar todas esas sensaciones.

Desde el punto de vista de la mujer, ¿están las ciudades pensadas con perspectiva de género?

Yo me atrevería a decir que nada está pensado con perspectiva de género, y las ciudades no son una excepción. Cualquier zona poco iluminada se convierte en un lugar inseguro. A mí no se me ocurriría ir a correr al río por la noche, como sí hacen mis amigos. Cruzar un pasaje, atravesar un parque, ir por ciertas calles… En esta ciudad, o en cualquier otra, siempre tienes que estar alerta. Admito que, en alguna ocasión, conecto el localizador de Google en tiempo real, o aprovecho un trayecto para hacer una llamada larga. Y si salgo de noche, siempre lo hago en bici, porque me siento más segura que caminando.

¿Qué ciudad te gustaría que heredaran tus hijas?

Afortunadamente, mis hijas se están educando con unos criterios de sostenibilidad mucho más arraigados que los nuestros. Desde los propios colegios, son muy conscientes de la importancia del reciclaje, el consumo energético o el cambio climático, y a veces son ellas las que me corrigen a mí. Me hace gracia, y a la vez me alegra, cuando me dicen que no se qué basura no va en un contenedor, sino en el otro. Quiero que hereden una ciudad mucho más sostenible, porque ya no es una cuestión de actitud, sino de necesidad.

¿Cómo imaginas que dibujarás las ciudades de aquí a 10 años?

Espero que repletas de vida y de gente, sin pandemias y sin coches.

 

Virginia Lorente. Foto: Kike Taberner

5 cambios para la ciudad del futuro

1. Las supermanzanas.

«Ya están previstas en València, pero tengo muchas ganas de que se materialicen y se hagan bien, con un diseño adecuado. El año pasado, por estas fechas, pude verlas por primera vez en Barcelona y me quedé totalmente flipada. Ahora van a diseñar una junto a mi casa y será muy interesante asistir al proceso de recuperación de las calles por parte del peatón. Espero que se reduzca la agresividad del tráfico y que la actividad se vuelva más amable, incluso menos ruidosa. Que sea posible jugar, disfrutar del espacio, crear lugares de relación…».


2. Usos alternativos en los solares.

«Venimos de una crisis de la que nos costó mucho salir y, por desgracia, nos encaminamos hacia otra. Quedarán solares en desuso, sin perspectiva de una construcción a corto plazo, y deberíamos evitar que se convirtieran en zonas residuales de la ciudad, donde se acumulan la basura y los problemas. Existen iniciativas vecinales que plantean cambios temporales en su uso hasta que pueda darse la edificación. Lo que sucedió con el solar Corona, que se llenó de actividades, fue una muestra ejemplar de gestión ciudadana. O ahora el huerto urbano de la Plaza de la Botja, impulsado por los vecinos de Ciutat Vella».


3. Patios de manzana como punto de relación.

«Esta es casi una quimera, pero en la medida de lo posible, dotarlos de un uso comunitario, incluso planteando una cota más elevada. En la mayoría de casos, se acaba destinando la totalidad de la planta a un uso terciario, cuando en realidad los patios pueden ser un punto de encuentro entre vecinos. Solo hace falta echar la vista atrás unos meses, hasta el confinamiento. Me gustaría que estas manzanas interiores dejaran de ser espacios residuales con retales de cubiertas y que fueran espacios donde suceden cosas».


4. Más aparcabicis (y con mejor diseño).

«No sé de qué manera, pero seguro que existen diseños de aparcabicis que dificultan el robo y son más eficientes que los actuales. Las cuatro bicis que tenemos en casa duermen en la calle, no hay otra opción si las queremos utilizar con asiduidad, pero tengo que comprar candados que cuestan más que el propio vehículo. Es un tema no resuelto en esta ciudad: he perdido la cuenta, a lo largo de estos años, de cuántas bicicletas me han robado».


5. Accesos alternativos al centro.

Hay que ponérselo fácil al ciudadano. Ahora nos extrañamos cuando vemos fotografías antiguas de coches en la plaza de la Virgen o autobuses aparcados frente a la puerta de la Lonja. No es una opción que recorramos el centro de las ciudades en coche, tenemos que ir hacia modelos más sostenibles, pero esto debe acompañarse de una infraestructura que ayude y sea realmente práctica. Que facilite el acceso desde otros puntos de la ciudad. Que asegure el trabajo a los repartidores, que los veo siempre sufriendo mucho.

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