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#TestEZ con Virginia Lorente

#TestEZ con Virginia Lorente

Virginia Lorente (València, 1973) es arquitecta, ilustradora y madre. Desde 2013, año en que creó la marca @typicalvalencia, se empeña en contar y poner en valor el patrimonio tanto cultural como arquitectónico de València. Especializada en la arquitectura ilustrada, las tramas y los paisajes urbanos e interesada en la relación que se establece con el entorno habitado, ha realizado encargos de ilustración para clientes tanto de carácter privado como público.

Y uno de los últimos trabajos es el cartel que ha diseñado para la la Concejalía de Movilidad Sostenible del Ajuntament de València con motivo de la celebración del 8 de Marzo, Día Internacional de la Mujer. Una imagen que refleja, como ella misma cuenta, «la importancia del papel de la bicicleta en la historia de la mujer, algo que siempre ha representado la libertad y la independencia, y también el buen rollo; y asimismo el cartel representa la diversidad de las mujeres y la alegría de vivir en bici».

Foto facilitada por el Ayuntamiento de València, área de Movilidad sostenible

Un recuerdo de infancia o juventud relacionado con viajar en coche. 

Sin duda, los viajes en coche a Segorbe los fines de semana en el Seat 124, mis padres, mis abuelos, mi hermano y yo —ahora que pienso, cuando nació mi hermana no sé cómo nos lo montábamos, 7 en un coche, la verdad—, yo iba siempre sentada encima de mi abuela, me llevaba todo el camino bien abrazada, íbamos cargados de maletas, bolsas y cosas y no había viaje que mi hermano no vomitara. Siempre tenía la sensación de ir al fin del mundo, el viaje se me hacía eterno, pasábamos por un sinfín de pueblos, y por fin, cuando llegábamos a la placita donde estaba la casa ya era de noche, paraba el motor y al oír el sonido del freno de mano abría la puerta del coche y salía corriendo en busca de ese olor a montaña, pinos y grillos.

¿Cómo era tu primera bicicleta? 

Creo que era BH pero no recuerdo, heredada de mis primos, vieja, azul, con el sillín alargado, pero no era una bicicross, no iban los frenos y adquirí una extraña habilidad para saltar de la bici y luego parar. Cuando probé una bici nueva que frenaba no me lo podía creer, era maravilloso.

¿Y tu primer coche?

Un Ford Fiesta rojo de segunda mano. Los primeros años lo compartía con mi hermano, y me flipaba porque llevaba dos faros de rally. Era un cacharro, pero lo llevé muchos años. Recuerdo una noche volviendo con el conductor de una grúa que tuve que llamar porque me había dejado tirada en medio de la carretera. éÉl me decía en tono paternal «está viejo, tienes que pensar comprar otro». Yo le dije llorando «lleva conmigo toda la vida» y ahí es cuando decidí que ya estaba bien de hacer kilómetros todos los días, lo cambié por la bici y vine a vivir a Valencia.

Un viaje en coche, moto o bicicleta que nunca olvidarás.

En moto, finales de los 90, finales de septiembre. Menorca, Salva y yo. Bueno, y dos mochilas, dos sacos de dormir, una tienda de campaña y una rueda de recambio… Todo eso sobre una Vespa Super del año 72.
Llegamos al puerto de Valencia, había tormenta, la vespa se paró de camino, la subimos al barco a rastras pensando «¿qué vamos a hacer?». Al día siguiente cuando desembarcamos en Mahón, yo esperaba fuera y al escuchar el rugido de la vespa y verla salir por la rampa del barco, te juro que en mi cabeza sonaba la banda sonora de Indiana Jones, desde entonces oigo una vespa y no puedo evitar sonreír… Recuerdo aquel viaje con un cariño inmenso.

¿Cuál es tu ciudad favorita para caminar? 

Cualquiera en la que me pueda perder, que pueda callejear mucho, mucho y tenga la sensación que nunca se va a acabar, yo tengo una debilidad extrema por Nueva York. Bueno en concreto por Brooklyn, igual por las novelas de Paul Auster, por Woody Allen, o por Wayne Wang y su Smoke y Blue in the face, reconozco que lo tengo idealizado, pero me chifla.

Cuando llegas a una ciudad desconocida, ¿en qué transporte te gusta recorrerla?

Si hay metro, metro. Me encanta ver a la gente que vive en la ciudad, sus rutinas, me imagino viviendo en ellas, aunque muchas veces eres un bicho raro. Me parece la manera interesante de conocer la ciudad. Recuerdo en El Cairo pasar unos momentos muy agobiantes al darnos cuenta que nos habíamos subido a un vagón exclusivo de mujeres. Se nos acercó una chica, señaló a mi acompañante y me dijo «él no puede estar aquí, lo dice la Ley» y hasta la siguiente parada no paré de pedir excusas a todas las chicas del vagón. Salimos como un rayo en cuanto paró. En Shanghai,  un niño en el metro se moría de ganas de hacerme una foto, era la única occidental del vagón, tenía su cámara en la mano y no se atrevía, saqué la mía y por señas le dije que nos hiciéramos fotos. Él a mí, yo a él. Nos pasamos así todo el trayecto y los dos nos llevamos nuestro exótico trofeo a casa, fue muy divertido.

¿Hábitos y manías en tus transportes diarios? ¿Cómo te mueves por tú ciudad?

En mi ciudad trayecto muy corto andando y el resto siempre en bici. A veces dudo si ir en bus o metro, pero luego me entra una pereza espantosa y acabo cogiendo la bici. Pedalear me despeja, me pone de buen humor, me divierte el trayecto. A veces paro, hago fotos, sigo… Creo que es la velocidad perfecta.

¿Qué medio de transporte de ficción (que aparezca en un libro, película, serie,..) te gustaría probar al menos una vez?   

Pues el medio de transporte no es de ficción, pero sí tendríamos que viajar en el tiempo para poder haber hecho uso de él, y a mí me hubiera vuelto loca pegarme un largo viaje en Zeppelin. Las imágenes que han quedado son increíbles. La altura a la que sobrevolaba ciudades y paisajes era tan cercana que cuesta imaginar. Una vez escuché en algún sitio —pero igual me lo estoy inventando— que la tripulación de un Zeppelin intercambió una botella de champan con la tripulación del Titanic. ¿Te imaginas? Lástima que ninguno de los dos acabara muy bien…

¿Qué viaje tienes como asignatura pendiente y en qué transporte te gustaría hacerlo?   

Ya sé que suena a topicazo tremendo, pero cuando cumpla los 50 quiero tener UN MES de vacaciones —que ya parece una utopía— y recorrer Estados Unidos de costa Este a Oeste con amigos y un coche de esos enormes y dormir en moteles de carretera. Que el plan es cero sostenible, lo sé. Que no lo haré, lo sé. Pero no me quites la ilusión.

¿Cómo imaginas el futuro de la movilidad? 

Tiene que producirse una gran revolución, sin duda. Poco a poco la gente se va concienciando, pero a mí me resulta muy triste que en el año 2020, que suena a novela de ficción, todavía vayamos por ahí con coches de gasolina. Si nos lo hubieran dicho de pequeños nos hubiéramos llevado un despago tremendo.